Conoce a tu mente y te conocerás a ti mismo

La mente, que misterio indescifrable, sobre todo su funcionamiento. Cada día me asombra más cómo podemos trabajar para fortalecerla, como debemos entrenarla para que no nos lance todos esos pensamientos que acaban haciendo que tomemos malas decisiones o que no nos permiten disfrutar del momento.

Dichosa la mente y su capacidad para sabotearnos, para hacer ver las cosas como no son y, en definitiva, hacer la vida un poco más complicada de lo que ya es. Serán las experiencias, el dolor, la maduración o los años, pero la mente se endurece, se amolda y se adapta. Coger las riendas a tiempo es fundamental para que no te controle a ti.

Y es así cómo lo veo, como dos fuerzas que están en constante lucha en el interior de nuestra cabeza. La consciente, que tiene más o menos claro lo que quiere y lo que no quiere; y la inconsciente, ese cúmulo de emociones y sentimientos que piden resultados inmediatos y que, sin control, hace que nos podamos arrepentir de muchas cosas.

Hoy reflexiono sobre esas malas pasadas que mi propia mente me juega. Vamos, no creo que sea al único que le pasan estas cosas, así que espero que os pueda ayudar a entenderos a vosotros mismos y, sobre todo, a poner solución a este conflicto interno.

Las dichosas suposiciones, el “y sí…”.

La imaginación es una de las capacidades más preciosas que tenemos el ser humano, pero también una que sin el control adecuado puede hacernos mucho daño. Soy una persona muy imaginativa, demasiado. Enseguida visualizo una gran multitud de opciones y situaciones, lo que para mi afición para escribir historias de ciencia ficción es genial. 

Ahora bien, para el día a día no lo es tanto. Siempre he sido de suponer cosas, de imaginarme situaciones que nunca ocurrirían por el simple hecho de que no tenía el valor de hacer lo debido para que se convirtiesen en realidad. Es así, y en cierta manera me hace sentir que fui un cobarde.

Suponer cosas es de los peores pensamientos que se pueden tener. No tienes ni evidencias ni confirmación de lo que piensas es real, sino que es tu propia imaginación la que rellena esos huecos de la realidad. 

¿Y si me hago daño en el fútbol americano? ¿Y si me equivoco con el planteamiento de este proyecto? ¿Y si no soy capaz de superar la entrevista de trabajo? ¿Y si no le gusto?

Puedes hacerte daño jugando al fútbol americano, pero lo raro es que no acabases lleno de moratones. Puedes equivocarte, pero esto te permitirá entender en qué has fallado y cómo hacerlo mejor. Puede que no la superes, pero ello puede abrirte un mundo de oportunidades. Puede que no le gustes, pero al menos no te quedes con la duda.

Cuando te vengan los “y si”, combátelos con certezas. Saca determinación y atrévete a encontrar el resultado más positivo, el resultado que tu quieres conseguir y lucha por ello.

Cuando pienso demasiado y no consigo soluciones

A las personas nos encanta hacer pelotas con nuestros propios pensamientos, lo tengo comprobado de primera mano. Les damos vueltas y vueltas, permitiendo que crezcan y colapsen toda la mente. Nos centramos muchísimo en el problema, en cómo nos hace sentir, pero muy poco en cómo podemos superarlo.

Pensar demasiado, aunque suene contradictorio, es malo. Quizás no sea ni el lugar ni el momento para que tus pensamientos te arrojen una solución adecuada para tu problema. Es más, es muy probable que ni siquiera tengas la actitud adecuada para enfrentarlo. 

Seguro que alguna vez te ha pasado que en el momento menos oportuno, cuando estabas distraído, se te ha ocurrido esa fantástica solución a tu problema. Algo dentro de tu coco se ha conectado, se ha producido una chispa y se ha encendido la bombilla. Y ese problema que te comía por dentro durante varios días se ha solucionado de inmediato.

Puedes pensar que has sido muy tonto, que has estado perdiendo días centrado en un problema y en apenas 5 minutos lo has solucionado. No te martirices, nos ha pasado a todos. Es por ello que, si no encuentras una salida clara, lo mejor es que trabajes la paciencia. Al final, con el tiempo y la actitud, se te ocurrirá como avanzar.

Las creencias limitantes, duros rivales a batir

Quizás una de esas “malas pasadas” que podemos arrastrar muchísimo tiempo, sobre todo porque no somos conscientes de ellas. Las creencias limitantes. Es muy duro creer que no vales. Es muy duro creer que tus esfuerzos no sirven. Es muy duro creer que has venido a este mundo para ser uno más en la masa grisácea de la sociedad.

Cuando comencé a escribir no creía en mí mismo, no creía ni que mis ideas ni mis palabras pudiesen cautivar o transformar el pensamiento de las personas. Soñaba con escribir grandes novelas e historias, pero algo dentro de mí me decía que nunca lo lograría, que era mejor centrarse en otra cosa.

Pero poco a poco me fui demostrando que no era verdad. Primero, porque disfrutaba escribiendo, me apasionaba. Segundo, porque tras un tiempo, cuando leía lo escrito, me gustaba mucho. Y tercero, porque otras personas querían saber más de mis narraciones. No me lo creía al principio, pero con tesón y pasión logré superar esta creencia limitante.

Hay que ser conscientes que no somos ni perfectos ni superhéroes. Pero también tenemos que creer en nosotros mismos, y creer que somos una persona que puede cambiar y crecer, que es capaz de moldearse a sí misma para conseguir esas habilidades y actitudes que lo acercarán más a lo que uno quiere llegar a ser.

¿Cómo es posible hacerlo? Picando piedra cada día. Siendo conscientes cómo somos, en lo bueno y en lo malo, y trabajar para cambiarlo. Aprovechar al máximo todas nuestras virtudes y esforzarnos en nuestros puntos de mejora. 

Puede que lo notes en una semana, un mes, un año o cuando toque. Pero te puedo asegurar que mirarás hacia atrás, a tu antiguo yo, y no te reconocerás.

La distorsión del pasado, haciéndolo más bonito de lo que realmente era

Parece que mi mente es capaz de borrar recuerdos, o al menos dejarlos muy borrosos, de circunstancias dolorosas. Momentos, situaciones y emociones que me han producido bastante daño y me han incomodado, y que ahora soy incapaz de recordar. Es decir, soy capaz de quedarme con lo bueno, pero no con lo malo.

Esto puede ser un arma de doble filo, ya que si de lo negativo del pasado no extraigo un aprendizaje, seré capaz de repetir los mismos errores en el futuro. Pero, por otro lado, y teniendo en cuenta cómo me afecta la negatividad, me permite ver todas aquellas cosas buenas que me han ido sucediendo y que tan poco consciente era en ese momento.

Hay que hacer un esfuerzo por recordar lo malo de nuestro pasado, y aunque esos sentimientos y emociones puedan aflorar de nuevo, entender por qué ocurrieron. El verdadero aprendizaje está en verlos desde una perspectiva de tercera persona, donde seamos capaces de analizarlos y ver qué podríamos haber hecho.

Sí, el pasado no se puede cambiar, tampoco nos vamos a martirizar por ello. Pero si se repiten las mismas circunstancias, las mismas emociones y, en definitiva, tenemos la posibilidad de hacer algo diferente para que el resultado no sea el mismo, yo creo firmemente que todos lo intentariamos.

El miedo, la gran losa que he cargado durante mi vida

Durante gran parte de mi vida he dejado que el miedo me controlase. Esto, como no, tiene consecuencias negativas. He perdido centenares de oportunidades en la vida por quedarme paralizado, por no saber reaccionar o por simplemente huir, cuando esta no era la mejor de las opciones.

El miedo lo asocio a los mayores arrepentimientos que he tenido, ya que pese a que mi voluntad siempre ha sido otra, él ha actuado y ha decidido que tenía que hacer en cada momento. Os puedo asegurar que no tener las riendas de tu propia vida es una de las sensaciones más frustrantes que existen.

Creo que el miedo no se puede perder, al fin y al cabo es un mecanismo de defensa natural ante el dolor, pero sí que debemos entenderlo. Entender el miedo consiste en saber qué son esos hechos que nos paralizan o hacen huir, aceptarlos, e imaginar cuál es la mejor forma de solventarlos. Ahora bien, de la mente a la realidad también hay un trecho.

Cuando llevas toda una vida con miedo se debe hacer un trabajo descomunal para que deje de controlarte. La clave para ello es comenzar a superar aquellas cosas más pequeñas que te den miedo. Te va a costar, vas a sudar, vas a pensar en tirar la toalla, pero en algún momento, te lanzarás y lo lograrás. Luego te darás cuenta de que no era para tanto.

Repite el mismo proceso con otra circunstancia que te de miedo. Al principio vas a resoplar, exhalar aire con dificultad y, en el momento en que menos lo pienses, te lanzarás y lo conseguirás de nuevo. Vaya, dos experiencias que asociabas con el miedo y lo imposible, y aún así has sido capaz de superarlas.

Crear el hábito de superar el miedo es posible. Comienza con lo más pequeño, lo más nimio, hasta luego alcanzar tus miedos más profundos. No te digo que es fácil, sino todo lo contrario, pero te digo que merece la pena luchar para superarlos. 

Siempre estarán ahí, en las sombras de tu pensamiento, pero al creer más en ti mismo y en la capacidad de superarte, no serán más que un recordatorio de que las cosas pueden salir mal. Pero que no te frenen a vivir la vida que tú quieres, con quién quieras y, sobre todo, a ser feliz.

 

Gracias por tu tiempo.

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