Conviviendo con el dolor (y la valiosa lección que me enseñó)

En realidad es una de las ideas para texto reflexivo que quería dejar para más adelante, pero hay algo en mí que me llama a redactarlo ahora. Ni siquiera me gusta el título, la verdad. Pero sí hay algo importante que entender en la vida es el dolor.

No será sorpresa para los que me conozcáis que he vuelto a practicar fútbol americano. Me he lanzado de nuevo, con mayor o menor fortuna, y me hace tremendamente feliz. Ahora bien, siempre hay peros. Y el pero actual es la rabiosa lesión por la que dejé este deporte y ahora ha vuelto.

En realidad nunca se ha ido, pero esperaba que por lo menos se hubiese curado mínimamente. Es mi dolor, que lo voy a arrastrar el resto de mi vida. Si no hago ciertas actividades, puedo evitarlo por completo, aunque para mí sería aceptar una derrota. Ni siquiera es el peor de los dolores, puestos a comparar, pero sí es uno que puede influir mucho en mi vida.

Porque no quiero que sea un impedimento, ni una limitación. El dolor siempre estará presente en nuestras vidas, y es por eso que creo que esta lesión cronificada me está enseñando una valiosa lección: entender que puedes ser feliz pese al dolor que uno sufra.

Mi talón cuando me topé con el dolor  en los talones por primera vez en 2013

Aceptar que el dolor siempre va a estar hasta el último de tus días

Todo comienza en mi segundo año practicando fútbol americano. Sería por los gemelos férreos que tengo o por mala genética, pero en mis talones comenzaron a aparecer unas prominencias óseas que no auguraban nada bueno. Como buen luchador que soy, soporté el dolor y seguí jugando mucho tiempo. Craso error.

La cosa no mejoraba ni con descanso ni con mayor intensidad. No encontré soluciones para ello, pese a probar con varias opciones. Llegó un punto en que me costaba caminar, que bajar las escaleras se convertía en una tortura. ¿Pero sabes qué? Que seguía jugando, seguía corriendo y esforzándome porque me apasionaba el fútbol americano.

Esto fue una mezcla entre valentía épica y estupidez, ya que tomaba el dolor como un desafío a superar. Y ahora, tras varios años parado y creyendo que por fin podría volver sin ese dolor, ha reaparecido como una sombra del pasado.

El dolor sigue siendo intenso, y os puedo asegurar que no poder correr al 100% sin sentir como se te clava una aguja en los talones es muy frustrante. Pero oye, que me apunté de nuevo y, pese a todo, estoy siendo capaz de disfrutar y de ser feliz practicando un deporte que me apasiona.

Esto me hizo reflexionar sobre el hecho de que mi dolor tiene cura, pero me impediría vivir la vida como yo querría. Y, por otro lado, que si entiendo mi dolor, seré capaz de conocer mis propios límites y convivir con él sin que la balanza se descompense.

Conoce tus límites para soportarlo

Me gusta pensar que el dolor de mis talones es como un freno de mano que tengo echado siempre, que evita que saque todo mi potencial y sea capaz de fluir en el campo de juego para sacar lo mejor de mí. Pero en realidad lo que me frena es el miedo a sentir ese dolor.

En cada entreno analizo mi dolor, estudio cuándo se intensifica y en qué momentos se reduce y me permite correr mejor. Flaqueo bastante en las arrancadas, y ya ni hablemos en los sprints al 100%. Puedo realizarlos en caso necesario, pero sé que el dolor posterior va a desgastarme mentalmente (y por eso suelo reservármelo para los partidos).

También me he dado cuenta de que si me tomo el descanso adecuado entre los diferentes esfuerzos físicos, soy capaz de que el dolor no me afecte tanto. Vamos, como un personaje de videojuego que utiliza una habilidad y debe esperar un tiempo de enfriamiento antes de volver a utilizarla. ¿Mola, eh? (No, la verdad es que no).

Mi talón en el año 2016. ¿Bonito, no? Pues el otro está igual.

El dolor me hace más astuto

¿Cómo puedo cubrir bien a un jugador con talones sanos, me saca un palmo de altura y corre como una gacela? ¿Cómo puedo ganarle el terreno a una persona que puede sacar todo el potencial de sus piernas? ¿Qué puntos fuertes tengo yo en los que pueda apoyarme?

Son preguntas que me he ido planteando tras cada entreno tras, tras cada jugada y tras cada carrera. No os diré que he encontrado la respuestas adecuadas para ello, pero sí que estoy en el camino de lograrlo.

Si es más rápido, le doy más distancia y aprendo a reaccionar más rápido. Sí tiene más potencia, me toca realizar mucho mejor la técnica y echarle huevos al asunto. Por lo que, en cierta manera, mi gran punto fuerte que me ha mostrado el dolor es que, pese a esta gran limitación, soy capaz de adaptarme.

Y aunque no tuviera el dolor de mis talones, siempre habrá jugadores que estén física y técnicamente por encima de ti. No trates de vencerlos en sus puntos fuertes, porque es imposible; hazlo en los tuyos, e incluso encuentra sus puntos débiles para aprovecharte de sus flaquezas. 

Que no te impida disfrutar de lo que más te gusta

El fútbol americano me encanta. Es completo, exigente y te permite un crecimiento personal que casi ningún otro deporte tiene. No me hubiese tomado estos años de retirada deportiva si no fuera por los talones, la verdad. Pero esa es una lección para otro día.

En la vida encontraremos dolores que nos acompañarán de muchas formas, pero no podemos dejar que ellos nos limiten, que nos impidan disfrutar. Es cierto que el dolor físico es más asumible que el psicológico, pero sentirlo te ayuda a saber gestionar las situaciones donde uno no es capaz de ponerse un vendaje o curarse una herida.

Sabía el nivel de dolor que me exponía al practicar de nuevo fútbol americano, y lo he abrazado con sumo gusto. Es más, ya me lo tomo con cierto humor, ya que me considero un jugador cojo-nudo. Y en el momento que soy capaz de realizar una proeza que me demuestra que el dolor se supera con disciplina mental, la felicidad que me embarga es indescriptible.

Ahora creo que el dolor es siempre un aprendizaje. Si somos capaces de entenderlo y aceptarlo, seremos conscientes que no pesa tanto en comparación a toda la felicidad que obtendremos al superar las limitaciones que nos impone.

Superando al dolor, salvando un touchdown y un compañero montado en un caballo invisible.

¿Cómo puede ayudar el coaching con el dolor crónico?

Está claro que no va a ser capaz de encontrar una solución maravillosa, pero con el coaching yo he sido capaz de disponer de las herramientas que me han permitido analizar y comprender mi dolor crónico. 

No todos los dolores son iguales. Saber cuándo se produce y qué impacto tiene en la persona a nivel físico y mental es fundamental para poder aplicar medidas que lo reduzcan, comprender su naturaleza y conocer los límites que te impone. Y pese a ello, saber que eres capaz de superarlos cuando realmente quieres.

No considero mi dolor crónico como un caso grave, pero soy capaz de entender a las personas que conviven en peores circunstancias. Es por ello que, si crees que te puedo ayudar a fortalecer tu mente para que no te impida ser feliz, estaré encantado de escucharte.

 

Gracias por tu tiempo.

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