El poder de la ilusión

El poder de la ilusión

Es curioso cómo la ilusión también se siente en nuestra espalda, pero no como esa mochila cargada de piedras y pesares. La siento como unas esplendorosas alas de luz y calidez que me insuflan energía, que me empujan a seguir motivado y a esforzarme por todo aquello que quiero conseguir.

Y es que la ilusión aparece cuando sabes que estás en el camino correcto, cuando tu mente empieza a visualizar el maravilloso futuro que tienes delante y te graba esas imaginativas imágenes para que te despiertes con ellas cada día. Sí, se debe seguir siendo cauto, pero un torrente de tanta fuerza cósmica atravesándote no puede frenarse.

Retomar viejos hábitos, sentir de nuevo sensaciones largo tiempo abandonadas, conocer a personas que vibran en tu mismo compás e incluso ver cómo, poco a poco, se van materializando todos los sueños que visualizaste hace tiempo. La ilusión aparece de repente, aunque nadie la llame, para brindarte ese empujón anímico que necesitabas.

El poder de creer en el mejor resultado posible

Creer que todo va a salir bien, que todo el esfuerzo que estás aplicando va a llevarte a la meta deseada, es una de las sensaciones más poderosas que uno puede sentir. Eres indomable, imbatible, imparable. Tu mente por fin se ha convertido en esa aliada que tanto necesitabas, que dirige a cada una de tus células para alcanzar tu propósito.

Por lo general, la mayoría de nosotros somos bastante pesimistas. Quizás podríamos decir realistas, pero tampoco sería del todo cierto. Pensamos siempre en lo peor que podría suceder, que tampoco es algo malo. Al fin y al cabo, es un mecanismo del cerebro para protegernos, para salvaguardar nuestra vida y evitar dolor.

Ahora bien, cuando poco a poco vas viendo que consigues tus objetivos, que comienzas a fluir superando todos los obstáculos en tu camino, tu cerebro va dejando atrás ese pensamiento. Aparca en un rincón esa sombra de duda, de fracaso, y se centra en brindarte toda la energía que necesitas para continuar.

Y es que la ilusión ni siquiera te deja dormir. Por mucho que quieras relajarte, o que sepas que debes descansar, tu mente ha entrado en un modo que no para de liberarte energía. Te estarías toda la noche esforzándote, escribiendo e incluso haciendo ejercicio. Sientes que cada minuto que pasa debes aprovecharlo al máximo.

Porque comienzas a creer que en el esfuerzo del día a día se encuentra tu éxito. Que, poco a poco, y a través de tu propio trabajo, todo aquello que has visualizado se está volviendo alcanzable. Que eres como un cohete que está rompiendo la barrera del sonido y alcanzar las estrellas, y que ya no puede volver a aterrizar.

Ilusión y expectativas

Hay que entender que toda esta energía sin un control o gestión apropiado puede convertirse en el peor de los batacazos posibles. Y es que visualizar mucho te ayudará a motivarte, pero a parte de ello debes tener en cuenta que no puedes subir toda la escalera de un solo salto.

Y es lo que nos suele pasar a muchos. Queremos llegar a la cima sin ni siquiera haber llegado a las cotas más inferiores. Porque la visión que tenemos se convierte en expectativa, y al ver que los esfuerzos que realizamos no están dando frutos y no estamos avanzando, esa ilusión se hará añicos.

Hay que entender que no todo lo que somos capaces de visualizar se puede conseguir. Es cierto que podemos ser muy tozudos y cabezotas, pero también que tenemos algunas limitaciones. Puede que aún nos falte experiencia, no tengamos las habilidades adecuadas o simplemente no sea el momento.

La prudencia y la sabiduría para tener la certeza si vale la pena o no ilusionarse lo aporta la experiencia. Aún así, es interesante dejar la puerta abierta a nuevas posibilidades o a resultados inesperados, incluso aunque no hayamos sido capaces de visualizar la más remota opción a que ocurriesen. No siempre se tiene que repetir el pasado.

Cuando la ilusión comienza a aflojar…

¿Qué he hecho mal? ¿Por qué no lo estoy logrando? ¿En qué estoy fallando? No debí hacerme ilusiones…

¡No! ¡No dejes que la energía desaparezca aún! Solo alinea tu mente y tu cuerpo para trabajar juntos. Coge ese torrente incontrolado de ilusión y enfócalo en metas concretas, en esos pequeños pasos que debes hacer cada día para crecer y superarte. Deja que esas alas iridiscentes en tu espalda te sigan permitiendo volar.

Planifica una estrategia que te permita seguir fluyendo. Cada uno tiene un método, una forma de esforzarse diferente. Es ridículo que te diga que debes hacer X o Y, porque sólo tú eres capaz de entender tu propia ilusión. No hay más guías que aquellas que nos da la experiencia y nuestra propia mente.

Quizás te machaques todos los días, o más bien entiendas que para triunfar debes ser paciente y esforzarte en momentos clave. Todo depende de ti, de tu objetivo y la capacidad que tengas de gestionar la ilusión. 

Siempre suele comenzar con un torrente enérgico, pero a medida que pasa el tiempo se reduce a un caudal que puede desanimarnos. No se siente igual, pero es lo mismo. Menos intensidad, pero más controlable.

Y es que, al final, la ilusión debe transformarse en perseverancia. La ilusión no dura para siempre, pero en los primeros compases es fundamental para que el sueño prometido no sea una simple “ilusión”. Utilízala con sabiduría y alcanzarás todo lo que te propongas.

 

Gracias por tu tiempo.

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