Impaciencia

Nunca me había definido como una persona impaciente. Si que en algunas circunstancias o momentos de mi vida he sentido esta necesidad, estas ganas de que el tiempo pase rápido para que ocurra lo que tanto espero. Pero desde que me redescubrí, lo único que hago es sentir un dolor en el pecho. Y algo me dice que es la impaciencia.

No, no era miedo. Ni vacío, rabia o tristeza. Es la impaciencia, es sentir que con cada una de las decisiones que tomo debería tener una recompensa inmediata. He entrado en una espiral espontánea que, pese a saber de forma consciente que debo ser paciente, mi cuerpo me dice que siga avanzando, que el tiempo se agota.

¿Qué tiempo? ¿Quién dice que ahora sí voy a conseguir lo que necesita un poco más de esfuerzo? ¿Por qué tanto nerviosismo, cuerpo mío? Descubrir que soy así, o haber sentido que he despertado a la impaciencia, me aporta muchísimas soluciones a algunas incógnitas que no les daba respuestas.

Deseo que ocurran las cosas aquí y ahora

Cuando hace unos años decidí que mi pasión era escribir, visualizaba que en cierto punto de mi vida sólo me dedicaría a crear novelas. Ni siquiera he llegado a ese punto, pero es seguro que estoy mucho más cerca de lo que nunca he estado antes. Sabía que tenía que esperar, ser paciente y mejorar mi habilidad con la escritura.

Soy imaginativo, soy creativo y soy muy soñador. Cualquier cosa me inspira y cada día podría escribir dos o tres relatos de sucesos cotidianos, añadiéndole un poco de épica y narrativa. Pero también soy impaciente. Sé que todo proceso tiene sus pasos, tanto en forma como en tiempo, pero mi energía detesta tener que esperar. 

Deseo que ocurran las cosas aquí y ahora. No de forma esporádica, ni que tampoco me las regalen. Solo deseo que con cada esfuerzo que realice vea materializado cada vez mi sueño, mi pasión y el cumplimiento de mis objetivos. Seguro que no soy el único que se ha hecho consciente de ello, ni tampoco al que le revienta tener que esperar.

Vivir al día, una espiral exponencial llena de experiencias

También he de decir que mi perspectiva de la vida ha cambiado casi por completo. Hace apenas unos meses lo mío era visualizar y planificar, marcarme qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Debía llevar una agenda y un horario diario. Salirme de esa planificación me producía rabia y ansiedad.

¿Y ahora? Soy flexible como el bambú, hago las cosas que me apetecen cuando quiera, ya sea trabajo o pasión. He aprendido a disfrutar de los pequeños placeres del día a día y, hasta cierto punto, me permito obtener esas perlas de felicidad que te hacen sentir pleno.  Si ahora tuviera que volver a la rutina anterior, me negaría rotundamente.

Y es que aprendí que para escribir no hay horarios. La inspiración va y viene, y sí que la puedes forzar, pero tampoco demasiado. La quemas. Te quemas. Ahora que siento que me permito escribir cuando me apetece de verdad, me pasaría días y noches soltando todas aquellas historias que se me cruzan por la mente.

¿Acaso me frena algo? No, en realidad. Más allá de las responsabilidades diarias. Pero me he dado cuenta que esta espiral me está convirtiendo en una persona impaciente, y eso no es del todo bueno. Así que siendo consciente de este rasgo, debo mantener una disciplina para que ello no me afecte negativamente en otros ámbitos de la vida.

La locomotora inagotable y la necesidad de descansar

Cuando has pisado la senda adecuada, aquella que sientes que es la correcta, que sigue tu pasión y tus valores, no quieres parar. No hay nada que vaya a impedirte detenerte, porque dentro de ti se enciende una llama de energía inmensa, una locomotora inagotable. Nadie, por mucho que te critiquen, la va a detener.

Vibras, ardes, creas. Estás en un proceso de crecimiento constante donde ves la siguiente estación, aquella que con tanto deseo has buscado, a tu alcance. Te hace impaciente sentir que la tienes tan cerca, pero que aún así requieres de un tiempo, de un aprendizaje y de experiencia para, por fin, poner los pies en el andamio.

La impaciencia te da el impulso que necesitas, pero debes darte cuenta de que la locomotora, si la presionas, puede fallar. Es por eso que existe un conductor, tu mente racional, para decir que reduzcas la presión de la caldera. No vale la pena consumirse por alcanzar tu objetivo. 

Sabes que lo vas a alcanzar sí o sí, pero también que debe ser a un ritmo concreto y con los momentos de descanso adecuados. Tómatelo como un aprendizaje, no hay más. La impaciencia puede frustrar. Si logras dominarla, tu locomotora inagotable viajará no sólo hasta esa estación, sino a todas aquellas que aún quedan por descubrir.

 

Gracias por tu tiempo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable Tomás de Jesús Vaquero.
  • Finalidad  Moderar los comentarios. Responder las consultas.
  • Legitimación Tu consentimiento.
  • Destinatarios  Siteground.
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional Puedes consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad